‘Women Power’ con Elisabeth Rodríguez

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Hablamos con Elisabeth Rodríguez sobre empoderamiento femenino desde su historia de emprendimiento. Hace 30 años que empezó en el sector de la peluquería, con solo 14 años y hoy celebra haber recorrido media Europa formando estilistas y manteniendo su propio salón. 

Pasión, vértigo, emprendimiento y empoderamiento.  

¿Cuándo empezaste a trabajar en el sector?  

Empecé en el sector muy jovencita, con 14 años, mi padre tuvo que firmar una autorización para que pudiese trabajar en un salón a las afueras de Barcelona. 

¿Cuándo te diste cuenta de que la peluquería era tu pasión?  

Sinceramente, me sigo dando cuenta a diario de que la peluquería es mi pasión porque lo disfruto. Cada cliente es único y nos permite crear, proponer, porque el éxito de nuestro trabajo es mantener al cliente siempre entusiasmado, con ganas de volver, proponiendo cosas nuevas.  

Llevo trabajando toda mi vida y nunca me he agobiado, nunca he pensado en realizar un cambio… es en el día a día donde te das cuenta de que te gusta y que amas la profesión. Me gusta el contacto de la gente, ver cómo están contentas y se sienten guapas. 

¿Era una profesión familiar?  

No, absolutamente nadie de mi alrededor se dedicaba a este sector. Soy la única estilista en toda la familia.  

¿Cómo fue el proceso/decisión de emprender? 

Tras la crisis, los salones empezaron a resentirse y hubo un punto de inflexión en el sector que afectó a mi día a día. Fue en ese momento donde decidí emprender mi camino, pensé que después de la experiencia como formadora donde había viajado a distintos lugares de Europa y formando a estilistas internacionales era el momento de asentarse. Obviamente, continuando con mis colaboraciones porque me encanta la adrenalina, el show, enseñar… Es una pasión, la formación es parte de mí. 

¿Qué fue lo más difícil a la hora de abrir tu propio negocio?  

Al principio estas en una nube, no sabes dónde te estás metiendo… Luego te das cuenta de que eres tú para todo. Esta situación te genera ansiedad. Empecé mi salón con dos estanterías y poco más, pero tuve la suerte de que la mayoría de mis clientes me siguieron y esto me ha ayudado mucho, muchísimo… Ha sido clave en mi proceso de emprendimiento. Da vértigo, pero todo a lo que uno pone ganas, ilusión y mucha dedicación sale adelante.  

Donde está ubicado mi salón, hay muchos otros y siempre nos intentamos ayudar. No hemos generado rivalidad, todos somos compañeros y hay trabajo para todos. Eso sí, hay que saberlo hacer, captar al cliente y sobre todo ser uno mismo. El secreto está en tener entusiasmado al cliente y evitar la rutina.  

¿Qué le dirías a tu yo más joven?  

No cambiaría nada de lo vivido, pero con la edad te das cuenta de que la formación es clave. No me hubiese precipitado en iniciar tan joven para dar más cabida a la creatividad. 

¿Crees que el cabello es un arma de empoderamiento femenino?  

Totalmente, sí. El cabello realza, puede ayudarte a disimular facciones que no te gusten del rostro, el cabello llena, da volumen, fuerza, etc. 

¿Cómo ves el futuro del sector?  

Creo que vamos muy deprisa y nos estamos dejando en el camino cosas olvidadas que no deberíamos. Por ejemplo, el trabajo más artesanal, el de toda la vida. No es el de secar rápido y pasar la plancha, es trabajar bien el cabello con brushing, sacándole ese brillo, un recogido bonito, estiloso… Me doy cuenta de que en las formaciones que estoy dando hay mucha gente joven que quiere empezar por lo más alto, es decir, por un nivel que no dominan todavía.  

En el mundo de la peluquería estamos avanzando muchísimo en el producto, hemos dado un cambio espectacular respecto años atrás… Las oxigenadas eran líquidas, las permanentes muy ácidas… Pero a nivel técnico tenemos que ir más a la base, a lo artesano, a trabajar con las manos. Hay muchos estilistas que no saben trabajar unas buenas raíces o secar bien… Tenemos que volver a la peluquería artesana donde muy pocos saben hacer un buen recogido o unas ondas de agua. Está muy bien trabajar con planchas, etc. Está perfecto como complemento, como ayuda, pero no como base. Vamos a temporadas, por tendencias, pero creo que debemos volver a la peluquería artesana.  

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